Javier Muñoz MorenoLa reciente llegada de las jugadoras belgas (Henin y Kim Clijsters) al circuito, parece haber satisfecho las necesidades de muchos analistas deportivos, que consideran esencial la presencia de veteranas líderes para consolidar el circuito femenino de la era actual.
Los medios de comunicación resaltan hasta la saciedad las victorias en los Grand Slam, de jugadoras clásicas como las Williams, Henin y Kim Clijsters. Han sido números unos y todas han vencido varios grandes, siendo objeto de enaltecimiento deportivo.
Parece que el relevo generacional se resiste y jugadoras como Ivanovic, que en 2008 parecía ser la promesa del tenis femenino, se ha diluido, revirtiendo al mundo comercial, de la moda y a veces y por desgracia, degradada al mundo de la crónica rosa.
Las bases del tenis femenino que nacen en los pequeños clubes, parecen ser dianas en los países del antiguo telón de acero. En ese interesante análisis, parece como si el muro de Berlín se hubiera quedado anclado en esos tradicionales clubes.
Basta ver que Rusia es el país que mas resalta en tenistas en el “Top 100”.
Pero a pesar de lo mucho que aportan las jugadoras rusas, son sólo determinadas jugadoras las que triunfan puntualmente en el circuito. ¿Porqué?
Parece claro: los cuatro Grand Slam aportan más de 4000 puntos al año en un circuito que debía medir la regularidad, pero que en la práctica no lo sólo no está haciendo, sino que contribuye a desequilibrar la balanza de la justicia.
Una jugadora puede ser muy irregular, triunfar en estos torneos, ganar verdaderas barbaridades de dinero y justificar el resto de la temporada de forma mediocre, con la seguridad de que mantendrán un alto rendimiento económico y de Ranking.

Los Grand Slam gustan, dan espectáculo, pero pueden degradar en silencio el resto del circuito. No creo que se deba valorar la profesionalidad de una jugadora por ser número uno o por el número de Grand Slam obtenidos.
La valorización viene, bajo mi opinión por el número de años participados, el número de torneos y los logros obtenidos.
Elena Dementieva es una de las profesionales que más años han trabajado, más torneos ha disputado y no ha sido número uno ni ha obtenido ni un solo “Grand Slam”, pero eso no le convierte en victima, sino heroína de su profesión, pero… ¿cuantos medios de comunicación la resaltan?
Caroline Wozniacki y Victoria Azarenka quieren seguir su camino triunfal y pueden ser el inicio de un relevo generacional que parece resistirse.
Mientras no haya relevo definitivo y nuevas promesas consolidadas, el tenis femenino seguirá sin la salud que merece y para ello será necesario replantear el sistema de puntuación del circuito con los “Grand Slam”, pero en la sociedad comercial que nos domina, éste facto parece una teoría imposible.
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