
Sara Sorribes tuvo que parar durante siete meses en 2025 para cuidar su salud mental. Ahora mira aquella etapa desde otra perspectiva y defiende una idea que ha cambiado su forma de entender el deporte: pedir ayuda, escucharse y darse permiso para parar también forman parte de la fortaleza.
La tenista castellonense ha compartido esta reflexión con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra el 10 de octubre, en un contexto en el que el deporte profesional todavía tiene pendiente normalizar mucho más la conversación sobre el bienestar emocional.
Según el estudio Radiografía del bienestar emocional y el deporte en España, impulsado por Nara Seguros, solo el 3,9 % de los españoles considera que la salud mental se aborda adecuadamente en el deporte profesional.
Los datos ayudan a explicar por qué testimonios como el de Sorribes adquieren una dimensión que va más allá de una experiencia individual.
La fortaleza no siempre significa seguir adelante
Durante años, la cultura deportiva ha vinculado la fortaleza con resistir. Entrenar cuando cuesta, competir pese al cansancio, superar los malos momentos y continuar avanzando forman parte de una mentalidad profundamente arraigada en el deporte de élite.
Pero esa concepción puede tener otra cara.
Sorribes reconoce que durante mucho tiempo ella misma entendió la fortaleza de esa manera, hasta que su propia experiencia le llevó a replantearse esa idea.
“Durante mucho tiempo asocié ser fuerte con seguir adelante, entrenar y competir, aunque las cosas no fueran bien”.
La exigencia permanente puede hacer que determinadas señales pasen desapercibidas. En el calendario de una tenista siempre aparece el siguiente entrenamiento, el siguiente torneo o el siguiente objetivo.
Precisamente por eso, uno de los aprendizajes de Sorribes ha sido comprender que no es necesario llegar al límite para reconocer que algo no funciona.
“He entendido que ser fuerte también significa escucharte, reconocer cuándo necesitas ayuda y darte permiso para parar”.
Es una transformación importante porque no supone abandonar la ambición deportiva. Supone cambiar la manera de relacionarse con ella.
Escuchar las señales antes de llegar al límite
El estudio presentado por Nara Seguros refleja además otra de las dificultades existentes en el deporte profesional: el 32,8 % de los españoles considera que la salud mental solo se aborda cuando ya existe un problema grave.
La prevención queda así en segundo plano frente a la reacción ante situaciones que ya han alcanzado un nivel preocupante.
Sorribes pone el foco precisamente en ese momento anterior.
“Muchas veces intentas convencerte de que puedes seguir un poco más. Siempre hay otro entrenamiento, otro torneo o un objetivo por delante”.
Para una deportista profesional, aprender a identificar esas señales puede resultar especialmente complejo. La rutina competitiva exige constancia y disciplina, pero la misma exigencia puede dificultar que una persona se detenga a valorar cómo se encuentra.
La tenista explica que ahora presta más atención a ese proceso.
“He aprendido a prestar mucha más atención a esas señales antes de que todo se haga más difícil”.
No se trata, por tanto, de escoger entre competir o cuidarse. Para Sorribes, ambas cuestiones pueden formar parte del mismo camino.
Seguir siendo competitiva desde otro lugar
Uno de los aspectos más relevantes de su reflexión es precisamente ese: cuidar la salud mental no significa renunciar a la ambición deportiva.
La competitividad continúa presente, igual que el deseo de mejorar y alcanzar nuevos objetivos. Lo que cambia es la forma de afrontar ese camino.
“Sigo siendo competitiva y sigo queriendo mejorar y conseguir cosas. Eso no ha cambiado”.
La diferencia está en la relación con la propia exigencia.
“Para rendir, competir y disfrutar también necesito estar bien conmigo misma”.
La frase resume un cambio de perspectiva que afecta directamente a la manera de entender el rendimiento en el deporte de élite. El bienestar emocional deja de aparecer como un elemento separado de la competición y pasa a formar parte de las condiciones necesarias para desarrollarla.
Cuando hablar puede ayudar a otros
La conversación sobre salud mental también tiene una dimensión colectiva.
Según el estudio, el 87,5 % de los españoles considera que cuando los deportistas profesionales hablan abiertamente sobre salud mental contribuyen, mucho o en parte, a normalizar estos problemas en la sociedad.
Es una cifra que contrasta con el reducido porcentaje de personas que considera que estas cuestiones se abordan adecuadamente dentro del deporte profesional.
La visibilidad de los deportistas puede contribuir, por tanto, a romper una de las barreras más habituales: la sensación de que reconocer que algo no va bien equivale a mostrar debilidad.
En el caso de Sorribes, compartir su experiencia también ha estado relacionado con la posibilidad de sentirse acompañada.
La tenista explica que hablar de lo que estaba viviendo y poder hacerlo con otros deportistas tuvo un papel importante durante ese proceso.
“Para mí ha sido una experiencia muy enriquecedora poder hacerlo con otros deportistas, incluso con jugadoras que eran referentes para mí”.
Y ahí aparece la razón por la que considera importante contar su historia.
“Si contar lo que he vivido hace que alguien se sienta identificado o se anime a pedir ayuda, entonces ha merecido la pena”.
Pedir ayuda también forma parte del camino
La experiencia de Sorribes deja una conclusión que trasciende el tenis. Pedir ayuda no debería interpretarse como una renuncia a la fortaleza, sino como una forma diferente de ejercerla.
En un deporte acostumbrado a hablar de resistencia, sacrificio y superación, introducir el concepto de cuidado obliga a ampliar esa mirada.
A veces seguir adelante significa competir, entrenar y perseguir un objetivo. Otras veces significa detenerse, escuchar lo que está ocurriendo y buscar apoyo.
Para Sorribes, ambas decisiones pueden formar parte del mismo proceso.
“Pedir ayuda no te hace menos fuerte como deportista”.
Y esa quizá sea la idea más importante de su reflexión: la fortaleza no consiste necesariamente en aguantar más, sino también en saber cuándo escucharse, cuándo pedir ayuda y cuándo parar para poder continuar.






























