Entrar en flow no debería depender de la casualidad. Identificar cómo piensas, respiras y sientes cuando juegas a tu mejor nivel puede convertir ese estado de rendimiento en una referencia entrenable.
En el tenis de alto rendimiento hay partidos en los que todo parece encajar. El jugador lee antes la trayectoria de la pelota, toma decisiones con mayor claridad, ejecuta sin sobrepensar y permanece concentrado en lo que está ocurriendo en cada punto.
Es una sensación que muchos tenistas conocen, pero que no siempre saben explicar. Es el llamado estado de flow, una experiencia asociada al rendimiento óptimo que puede convertirse en una herramienta de trabajo cuando el jugador aprende a reconocer sus propias señales.
La psicóloga Maite Iriarte Rego, doctora en Psicología, máster en Psicología del Deporte y mental-coach de tenis, plantea una herramienta sencilla para avanzar en esa dirección: describir con precisión cómo se siente cada jugador cuando está en su mejor versión.
Qué significa estar en flow en tenis
El flow puede entenderse como un estado de funcionamiento óptimo en el que la atención está completamente orientada hacia la tarea.
En tenis, esa experiencia puede manifestarse mediante una elevada concentración, una percepción clara de lo que sucede en pista, sensación de control y una ejecución que parece desarrollarse con naturalidad.
El jugador no está pensando constantemente en el marcador, en las consecuencias de ganar o perder o en el error anterior. Su atención permanece anclada en el presente.
También puede cambiar la percepción del tiempo y disminuir la autocrítica excesiva. En lugar de intentar controlar cada movimiento de forma consciente, el tenista permite que habilidades ya entrenadas respondan ante las situaciones del partido.
El resultado es una paradoja habitual en el deporte: cuanto menos intenta forzar el rendimiento, más fluido puede resultar.
El problema de intentar buscar el flow
Querer entrar en flow puede convertirse precisamente en un obstáculo.
Si el jugador se pregunta continuamente si ya está jugando en flow, si está suficientemente concentrado o si está alcanzando su mejor nivel, parte de su atención deja de estar en la competición.
Además, no existe una única manera de experimentar ese estado.
Para un tenista puede estar relacionado con una sensación de calma y ligereza. Para otro puede aparecer acompañado de una elevada activación, intensidad y energía. Algunos jugadores describen silencio mental; otros perciben una sensación muy clara de conexión con el juego.
Por eso, antes de intentar reproducir el estado, es necesario saber cómo es el flow de cada jugador.
Convertir una sensación en un mapa personal
La propuesta consiste en poner palabras a la experiencia.
El objetivo no es recordar únicamente qué ocurrió en el marcador o contra qué rival se produjo el mejor partido. La atención debe dirigirse a lo que sucedía dentro del propio jugador.
- ¿Cómo respiraba?
- ¿Qué sensaciones tenía en el cuerpo?
- ¿Cómo era su nivel de activación?
- ¿Qué tipo de pensamientos aparecían?
- ¿Cómo se comportaba entre los puntos?
- ¿Dónde estaba dirigida su atención?
Responder a estas preguntas después de una sesión especialmente buena permite construir una especie de mapa interno del rendimiento óptimo.
Ese mapa puede convertirse posteriormente en una referencia para el entrenamiento y la competición.
Respiración, cuerpo y atención
Las señales que se identifican pueden ser muy concretas.
Un jugador puede descubrir, por ejemplo, que cuando compite bien mantiene una respiración determinada, camina con un ritmo concreto entre puntos o siente una postura corporal específica.
Otro puede observar que su mejor tenis aparece cuando mantiene pensamientos sencillos relacionados con la siguiente acción, sin anticipar el resultado del partido.
La utilidad de identificar estas señales está en que son elementos sobre los que el jugador puede trabajar.
No se trata de reproducir mecánicamente un partido anterior, sino de reconocer qué condiciones internas acompañaban a aquella versión del jugador.
Del entrenamiento a la competición
El trabajo puede realizarse fuera de la pista y trasladarse posteriormente a situaciones competitivas.
Después de un entrenamiento o partido en el que el rendimiento haya sido especialmente bueno, el jugador puede dedicar unos minutos a registrar sus sensaciones.
Una reflexión estructurada puede incluir cinco áreas:
- Respiración: cómo era el ritmo respiratorio y qué sensación producía.
- Pensamiento: qué tipo de diálogo interno aparecía.
- Cuerpo: qué sensaciones físicas estaban presentes.
- Activación: si predominaba la calma, la intensidad o un punto intermedio.
- Rutinas: qué hacía antes y durante los puntos.
Con el tiempo, las respuestas pueden revelar patrones.
En competición, esos patrones no tienen que convertirse en una obligación. Pueden utilizarse como pequeñas referencias para recuperar el foco: ajustar la respiración, recuperar una rutina entre puntos, modificar el lenguaje corporal o volver a centrar la atención en la siguiente acción.
El flow no se fuerza: se favorece
Uno de los conceptos centrales es precisamente este:
el flow no debería convertirse en un objetivo que el jugador persigue directamente.
Intentar alcanzarlo con ansiedad puede generar el efecto contrario. La atención pasa a concentrarse en el propio estado psicológico en lugar de hacerlo en la tarea.
La alternativa consiste en trabajar sobre las condiciones que pueden favorecer el rendimiento óptimo.
Respirar de una determinada manera, mantener una rutina estable, utilizar un lenguaje corporal reconocible o recuperar el foco después de un error son acciones concretas. El flow, en cambio, puede aparecer como consecuencia de ese funcionamiento.
Esta diferencia resulta especialmente importante en un deporte individual como el tenis, donde el jugador debe gestionar por sí mismo los cambios de ritmo, los errores, la presión del marcador y las situaciones adversas.
Una herramienta útil desde la formación hasta la alta competición
La identificación del estado de flow no tiene por qué reservarse a jugadores profesionales.
En etapas de formación puede ayudar a los jóvenes a reconocer qué significa para ellos jugar bien más allá de ganar o perder. Aprender a identificar sensaciones, pensamientos y comportamientos asociados a un buen rendimiento puede contribuir a desarrollar una mayor autonomía psicológica.
En jugadores experimentados, la herramienta puede adquirir otra función: recuperar referencias que se han ido perdiendo cuando el exceso de análisis, la presión competitiva o determinados factores externos interfieren en el juego.
En ambos casos, el principio es similar: conocer mejor el propio funcionamiento para depender menos de factores externos.
Aprender a reconocer al jugador que mejor juegas
El flow puede parecer inicialmente un estado difícil de controlar porque aparece de forma espontánea y no siempre se puede reproducir a voluntad.
Sin embargo, identificar cómo se siente el jugador cuando compite a su máximo nivel cambia la perspectiva.
Ya no se trata únicamente de buscar una sensación abstracta de confianza o concentración. Se trata de reconocer señales concretas: cómo respira, cómo se mueve, qué piensa, dónde dirige su atención y qué hace entre puntos.
Ese conocimiento no garantiza que el jugador vaya a entrar en flow cada vez que compita. Pero sí puede proporcionarle una referencia para volver a las condiciones que acompañan a su mejor tenis.
En un deporte decidido tantas veces por pequeños márgenes, conocer la propia versión óptima puede convertirse en una herramienta competitiva más. Porque quizá la clave no esté en aprender a perseguir el flow, sino en aprender a reconocer el camino que conduce hacia él.

































