Roger Federer dio la salida a los 62 automóviles participantes en la 93ª edición de las 24 Horas de Le Mans, la prueba reina por excelencia del automovilismo mundial en materia de resistencia, que comenzó a disputarse en 1923; considerada como una de las tres grandes pruebas en circuito de asfalto.
Tras la clásica frase de “Pilotos, enciendan sus motores”, el laureado tenista suizo comenzó a ondear la particular bandera tricolor francesa, que incluía en letras doradas el nombre de la carrera y que le entregó en mano un militar francés, a pie de pista.
Federer cumplió con una de las tradiciones de esta mítica competición sobre el trazado de 13,6 kilómetros de la Sarthe: ejercer de honorary starter; esto es, de invitado de honor que da el banderazo de salida en la pista.
Esta labor la han acometido Zinedine Zidane en 2024, LeBron James en 2023, como antes también los actores Brad Pitt y Alain Delon, el gran ciclista Raymond Poulidor o el Príncipe Alberto de Mónaco, entre otros; y Rafa Nadal, que bajó la enseña tricolor en la edición de 2018, justo después de haber ganado su undécimo Roland Garros.
Nadal fue designado para la misión por la organización de las 24 Horas de Le Mans y del campeonato del mundo de resistencia, pero antes, el balear, pudo completar una vuelta al largo circuito dentro de un biplaza.
Rafa bajó la bandera de salida y 24 horas después el asturiano Fernando Alonso hacía historia, ganando la carrera a bordo del hypercar de Toyota en su debut en Le Mans, junto al japonés Kazuki Nakajima y el francés Sébastien Buemi. Alonso repetiría triunfo en 2019; y en 2014 (cuando corría con Ferrari en F1) cumplió en la prueba con la misma tarea que Rafa, dar el banderazo de inicio.

Y si Nadal dio suerte a un piloto de F1 para entrar en la historia del automovilismo por doble motivo, Federer emuló a su amigo mallorquín, pues un día después de agitar la bandera de arranque, el primero en ver la ajedrezada de meta fue el polaco Robert Kubica, en un alarde de pilotaje sin precedentes.
Kubica llevó a una victoria espléndida el Ferrari AF Corse que compartía con el chino Yifei Ye y el británico Phil Hanson, después de 387 vueltas (junto a otros cuatro coches), con velocidades máximas entre 345 y 350 km/h.
Un triunfo exclusivo, pues era el primero en muchos años de un automóvil privado, no oficial, pero, sobre todo, porque Robert se reafirmaba como piloto en lo más alto de un podio, después de aquel accidente en el Rally Ronde di Andora (Italia), en febrero de 2011 -pese a ser piloto de fórmula 1-, del que salió vivo, pero con 42 fracturas y con el brazo derecho tremendamente dañado.
El polaco volvió a la F1 en 2019 y tomó parte en dos pruebas de 2021, estuvo a punto de ganar en Le Mans, dentro de la categoría LMP2 (segunda de prototipos) en el mismo 2021, pero tuvo que abandonar en la última vuelta.
Ahora, pese a que su mano derecha presenta serios problemas de movilidad y ha de colocarla de forma muy particular en el volante, Kubica ha completado una historia realmente fascinante, siendo el primer polaco que ganaba en el trazado de la Sarthe y el segundo piloto en vencer en F1 y en las 24 Horas de Le Mans en el siglo XXI, como antes hizo Alonso.
Robert era uno de los 19 pilotos de fórmula uno que participaron en esta edición de Le Mans, y que vieron como Roger Federer bajaba la bandera previa a la salida.
El tenista helvético reconoció sobre el asfalto: “Es un gran honor haber sido invitado a dar la salida de las 24 Horas de Le Mans, una carrera icónica y extremadamente agotadora. Siempre me ha fascinado el compromiso, la precisión y la resistencia que exige. Estar en el corazón de este emblemático evento es una experiencia extraordinaria. Es realmente algo mítico estar aquí en persona, sentir el ambiente. Estoy agotado, honestamente, porque ha sido muy emotivo y agotador. Creo que es un gran honor para mí ver a los pilotos, pero también a los apasionados aficionados a este increíble deporte. Es bonito, estoy muy emocionado. Desde luego, no es mi hobby, pues tengo bastante miedo a la velocidad. Me gusta conducir en casa, pero a este nivel es algo completamente diferente y respeto mucho a los pilotos por eso. No me veo empezando a conducir así un día; o un poco por diversión, tal vez”.

































