En pleno siglo XXI, y cuando ya se han rebasado cifras de producción de pelotas de 500 millones al año -entre los cuatro torneos de grand slam el consumo ronda una media de 250.000 unidades por año, siendo de unas 160.000 entre los ocho masters 1000 de la pasada temporada-, la preocupación radica en el reciclaje de esos balones.
Solo en España ruedan entre 10 y 12 millones de pelotas por temporada. Pelotas que, originalmente, se sirven en envases sellados herméticamente con presión de alrededor de dos atmósferas, a fin de garantizar las condiciones del producto hasta su uso; y que suelen tener una duración media (máxima) de vida de entre tres y cuatro partidos. Por el contrario, sus materiales pueden tardar en descomponerse alrededor de dos mil años.
Así, en los tiempos actuales, se han multiplicado las acciones para recuperar las bolas, ya sea alargando su vida útil, ya sea reconvirtiéndolas.
Al respecto, hace unos años que varios ingeniosos han trabajado y evolucionado en sus aparatos presurizadores, como Ball Rescuer, para envases compatibles, con o sin bomba y con calidad premium; o PressureBall (tubo flexible, ligero y resistente, con capacidad para hasta 9 pelotas; con bomba o compresor), que posibilitan mantener y recuperar la presión de la bola, alargando su vida hasta en seis y diez veces, conservando su capacidad de rebote hasta que el fieltro se desgasta.
Como también PascalBox, con sus propuestas 3B, 4B, Pro (hasta 72 pelotas) y Pro XL (sistema de inflado de precisión con capacidad para hasta 250 pelotas) que, igualmente, procura con su tecnología una idónea presión de pelota, alargando la vida del esférico, evitando lesiones -por el bote correcto de la bola- y contribuyendo a la reducción de emisiones de dióxido de carbono, al generar menos residuos no reciclados (por cada kilo de caucho fabricado se generan 4 kg de CO2). Además, tras un reciente acuerdo con una empresa catalana, van a contribuir a la transformación mediante valorización energética.
La compañía Head ha lanzado hace poco cuatro tipos de presurizadores: X3 Black y X3 Pump, para 3 pelotas, X4 Pump, para cuatro, y X100 Basket, para hasta 103 pelotas; los tres últimos no solo mantienen la presión, sino que la recuperan.
Las pelotas que se reciclan, sin salir de nuestro país, contribuyen a la insonorización de espacios, a la construcción de superficies de juego con base de caucho o a la fabricación de ropa y calzado, como la iniciativa de la empresa No Time Ecobrand, cuyos jóvenes fundadores recogen los pequeños balones de las pistas de tenis y pádel madrileñas, los envían a triturar para luego producir zapatillas en colaboración con la Fundación A La Par, donde trabajan personas con discapacidad intelectual.
La iniciativa de No Time ha sido galardonada, recientemente, por la Comunidad de Madrid en la categoría de Compromiso medioambiental y social.
El Real Club de Tenis Barcelona 1899 y su ATP 500 Barcelona Open Banc Sabadell Trofeo Conde de Godó también trabajan en el reciclaje.
Por un lado, junto a GreenBall (proyecto con el que también colaboran el ATP 250 Mallorca y entidades como JCFerrero Equelite, Real Club Polo Barcelona o Bonasport Barcelona) recogen los balones amarillos para transformarlos en energía, aprovechando el alto poder calorífico del caucho.
Por otro lado, en asociación con Infinite Athletic, aprovechan los cordajes de las raquetas, que se acaban convirtiendo en prendas deportivas de inédita tecnología que, a su vez, vuelven a ser reciclables.
Y la Federación de Tenis de Madrid opera con Unamás, a través de MC360, para que las pelotas recogidas puedan entrar en nuevas aplicaciones del caucho, en la producción de pavimentos o de mobiliario urbano e, incluso, también en valorización energética.
Igualmente, dos acreditadas compañías del sector como Composan Industrial y Tecnología y Decathlon España han acordado su compromiso en materia de sostenibilidad y economía circular, para reforzar la campaña Doble Rebote puesta en marcha hace casi cuatro años por la distribuidora francesa. Hasta ahora, Decathlon recogía las bolas para convertirlas en chanclas de su propio sello; tras el acuerdo con Composan y el empleo de su tecnología patentada, el nuevo segundo uso de los esféricos será la conversión en materia prima reciclada para la construcción de pavimento de pistas de tenis, a razón de unas 10.000 pelotas para cada pista.
Por último, el grand slam parisino Roland Garros, por ejemplo, dentro de su programa u operación ‘bola amarilla’ instaurado en 2009, reaprovecha las pelotas usadas durante el torneo para la construcción de superficies para pistas, esencialmente, en centros médico-deportivos de fundaciones francesas. El primer suelo a base de pelotas de tenis, aquel 2009, fue el del centro de rehabilitación para niños discapacitados de Voisenon, en la región Isla de Francia.
Con esas bolas recuperadas también se pueden fabricar moquetas o revestimientos parra suelos de gimnasios.