La Motivación del Deber

Rafael Nadal ejemplo de motivación

VICENTE CUAIRÁN | TENNIS MIND INSTITUTE
A la primera persona a la que le escuché hablar a cerca de la motivación del deber fue a Jose Antonio Marina, uno de los mejores pedagogos y filósofos españoles.

A simple vista, y sin entrar demasiado en tarea, podemos decir sin miedo a equivocarnos que motivación y tarea son dos palabras antagónicas que poco o nada deberían tener entre ellas, como dos amantes que ya no pueden verse entre sí y que nada comparten entre ellos.

La motivación se supone que es algo que haces porque te nace de dentro. Es una fuerza interior que te impulsa a actuar en la dirección de algo que quieres conseguir.

Por el contrario el deber se parece más a una imposición ajena, a una tediosa actividad que alguien ha decidido que debías hacer sin haber contado contigo. Una especie de obligación que, muchas veces, no has firmado ni prometido llevar a cabo pero que estás obligado a cumplir.

Muchos jugadores, entrenador y padres me llaman a menudo porque tienen dudas de que sus jugadores estén lo suficientemente motivados en la consecución de sus objetivos. Se preocupan porque tienen que tirar en los entrenos del jugador, y renovar constantemente su motivación.

Recuerdo la conversación que tuve con un padre de un jugador de 17 años:

–  Mira Vicente, Javier quiere salir el sábado con sus amigos, me decía el padre “¡Y el domingo tiene partido!

– Pues claro que quiere salir con sus amigos ¡tiene 17 años! y su cabeza está constantemente enviándole informaciones y deseos contradictorios.

–  Eso es que no está suficientemente motivado para jugar al tenis. Realmente no siente la pasión que necesita para llegar a lo más alto. De otra manera ni siquiera se plantearía salir con sus amigos.

–  ¿A ti te gusta tu trabajo? Le pregunté.

–  Me encanta. Es lo que más me apasiona del mundo.

–  Y sin embargo, me hablaste de que querías ir el viernes por la mañana a la Copa Davis, ¿no es así?

–  Sí, pero al final no fui porque tenía una reunión importante ese día.

– Pero sentiste el deseo de hacer algo distinto a lo que dices que más te apasiona del mundo. ¿No es verdad? Si al final no fuiste fue porque tenías un deber que te lo impedía. Pero de no haber sido así habrías ido a la Davis en lugar de trabajar y eso no significa que tu trabajo no te apasione ni que no estés motivado.

– Creo que ya te entiendo. Quieres decir que el hecho de que Javier quiera salir con sus amigos no significa que el tenis no le apasione si no que simplemente también siente el deseo de hacer otras cosas que sí hacen los chicos de su edad que no juegan al tenis.

– Exactamente. Si le juzgas por querer salir con sus amigos y le culpabilizas por ello diciéndole que no siente pasión por el tenis lo único que conseguirás es alejarle más del tenis y hacer que realmente deje de sentir esa pasión. La receta consiste en entender lo que siente, en ponerse en su lugar, en hablar mucho con él y hacerle ver que lo comprendes. Es normal que con 17 años quiera salir con sus amigos. Explícale que es un jugador de tenis en progresión y que su vida es diferente a la de sus amigos. Hazle entender que su vida tiene muchas cosas buenas y algunos inconvenientes como no poder salir todos los sábados. Negocia con él alguna salida de vez en cuando y hazle ver que su vida deportiva en ocasiones tiene unas obligaciones o deberes que se han de cumplir como la de no poder salir la noche antes de un partido. Porque estar motivado no consiste solo en hacer lo que me gusta sino en entender que en el camino hacia el éxito hay tareas o deberes que no me gustan pero que tengo que cumplir porque forman parte de lo que debo hacer, como no salir el sábado por la noche si el domingo tengo partido.

Nadal es probablemente el jugador más motivado que conozco. ¿De verdad piensas que Nadal hace todo lo que hace porque le gusta hacerlo? Habrá infinidad de deberes o tareas que Nadal hace sin apetecerle absolutamente nada pero que necesita realizar para poder progresar y convertirse en historia del tenis, pero como eso no sale por la tele ni nadie nos lo cuenta pensamos que no existe y creemos que todo lo que hace lo hace hipermotivado.

Es probable que la gran pantalla tenga buena parte de responsabilidad en el hecho de que pensemos así. Cada vez que se nos presenta un jugador motivado en el cine es un personaje que vive para y por el tenis durante todo el filme. Pero claro, en hora y media lo que nos enseñan es lo que “mola ver del jugador” pero si le siguiéramos las 24 horas del día es probable que la imagen fuera bien diferente. Y toda esa condensación de motivación extrema no lo pareciera tanto.

Además la palabra deber es en sí  misma fea. A muy pocas personas les gusta porque recuerdan los mandados que los profesores no obligaban a cumplir en casa y que además eran castigados en caso de no realizarse. Así que desde pequeños hemos asociado la palabra deber a algo malo.

Hacer algo por deber no gusta a nadie. Yo mismo me levanto por obligación a las 7:30 cuando en realidad odio madrugar para ir a trabajar. (Un trabajo que me apasiona y que no cambiaría por nada en el mundo). Si pudiera me levantaría mucho más tarde, a las 9:00 quizás. Cada vez que suena el despertador me recuerdo que necesito levantarme pronto para conseguir lo que quiero. Hablo conmigo mismo. Dialogo. Me convenzo para salir de la cama.  E incluso hay días en que me rindo al sueño, me quedo en la cama y no cumplo mi tarea. (Igual que lo que le pasa a Javier que hay días que sale un sábado por la noche y llega más tarde de lo acordado) También tenemos derecho Javier y yo a equivocarnos de vez en cuando y aceptarlo (pero no nos conformamos y queremos tratar de hacerlo mejor la próxima vez. Aceptar no es lo mismo que conformarse) ¿Significa eso que no me apasiona mi trabajo y que si estuviese realmente motivado tendría que levantarme a las 7:30 todos los días con una sonrisa y canturreando en el desayuno? Si estuviera en una película sí, pero la vida real es muy diferente y no todas las tareas que necesitas para triunfar en aquello que haces te tienen que gustar hay algunas que te toca hacer por obligación y entender que eso forma parte de tu motivación del deber es lo que te permitirá poderlas llevar a cabo.

Como dice Marina, la motivación del deber aparece cuando todo lo anterior ha fallado. Es aquello que necesitas cuando desde dentro no encuentras la energía suficiente para acometer la tarea que necesitas para llegar a tu objetivo. Cuando el diálogo, el razonamiento, los pensamientos y las emociones que tratas de trabajar con el jugador no son suficientes para ayudarle en ese impulso que necesita para continuar en su camino. En ese momento es cuando debes saber saber utilizar el salvavidas que te proporciona la motivación del deber y administrar e incorporar en el jugador dicha estrategia.

¿Que nos gustaría no tener que tirar del jugador y que todo lo hiciera a resultas de su inagotable motivación intrínseca? Por supuesto. Pero la realidad suele ser bien distinta y en ocasiones los costes (madrugar, no poder salir todos los sábados) que hemos de pagar para llegar al lugar dónde queremos estar nos obligan a tirar de “lo que debemos hacer” aunque en realidad nos apeteciera hacer otra cosa.

Para finalizar, creo que es importante desdramatizar o descontextualizar la palabra “deber”. El deber no es malo en sí mismo. Kant afirmaba que el concepto de deber si contiene una voluntad buena (madrugar para trabajar y no salir la noche anterior de un partido lo es) es necesaria respecto a la ley moral. O dicho de otro modo, nuestra obligación de actuar moralmente. (Respecto a nuestro objetivo)

No nos preocupemos demasiado por tener que tirar de nuestros jugadores. No le juzguemos ni culpabilicemos por ello. No están desmotivados porque no quieran llevar a cabo determinadas tareas o porque haya deseos (como salir o dormir más) que van en contra de sus objetivos. Basta con comprenderles, empatizar y ayudarles a entender que hay tareas que necesitan hacer porque forman parte de su motivación del deber. (Con el tiempo se lo agradecerán a ellos mismos)

Cortesía de Tennis Mind Institute

Vicente Cuairan

Director Ejecutivo Deportivo en Tennis Mind. Empresa líder especializada en el entrenamiento de la fuerza mental de jugadores de competición.

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