La sombra de ser ‘mal padre’ en el tenis

Tenis padre e hijo

Este fin de semana he participado en un seminario de Coaching e inspirada por la pregunta de una participante sobre su temor a ser “mala madre”, he decido escribir un artículo sobre el tema con la intención de abrir nuevas posibilidades en el triangulo tan importante en tenis de Padres-Jugadores-Entrenadores.

Todos los dias hablo con dos ó tres padres (madre o padre) de jugadores menores de 18 años que me contactan para que ayude a sus retoños en la parte mental de su juego. Muchos desean que les ayude a apoyar mejor a sus hijos y me piden consejos sobre cómo actuar de forma indicada sobre todo en torneos.

Me cuentan que tienen la sensación de no saber cómo hacerlo bien y de forma correcta, para que sus hijos no sufran o lo pasen mal durante la competición. Sus preguntas van desde cómo apoyarles para que no se enfaden y se quejen cuando fallan, o cómo hacer para que no pierdan la confianza cuando las cosas van mal, hasta cómo actuar cuando sus hijos lloran desconsolados después de perder o cómo mejorar su actitud para que dejen de tirar partidos que podían haber ganado. Sobre todo me confirman que después de tanto esfuerzo de tiempo, dinero y energía, sería una pena si sus hijos desperdiciasen de esa manera todo su talento y especialmente me cuentan que no pueden verlos “sufrir” tanto.

Una de las condiciones que tengo para ayudar a estos jóvenes jugadores es que sus padres estén dispuestos a recibir también Coaching de mi parte y a cambiar situaciones que puedan estar frenando el desarrollo de estos incipientes talentos. La mayoría me responden de forma afirmativa con un “por supuesto” y en sus miradas o sus voces noto como se cierne la sombra de la duda si al final tendrán que admitir que pudieron ser “malos padres” y que han frenado el desarrollo del talento de sus hijos.

Sólo pensar que por su “culpa” algo no ha funcionado de forma adecuada u óptima y que sus hijos no desarrollen todo su talento y amor por el tenis, es algo de lo que huyen y quieren descartar en todo momento. Lo más importante es garantizar una buena vida sana y con deporte lejana de los malos hábitos, las malas compañías y en definitiva hacer lo imposible para que sus retoños “no sufran” puesto que el “sufrir” de sus hijos es utilizado en muchas ocasiones como medida para evaluarse como padres. Si sufren o van por mal camino queda la duda de haber sido “malos padres” por no haber hecho todo lo posible para que esto no ocurra. Entonces evitar el sufrimiento de sus hijos se convierte en una máxima que sirve para eliminar el temor latente a ser mal padre que a su vez conlleva asegurar el buen futuro de su descendencia.

Este temor que aparece en el momento en el que deciden apoyar la ambición tenística de sus hijos es más común, según mi experiencia, de lo que los profesionales que rodeamos a estos noveles jugadores pensamos. Este miedo o temor se expresa de muchas maneras, desde dejar todo en manos de los entrenadores y desentenderse, hasta querer controlarlo todo y estar demasiado pendientes y metidos en pistas y torneos haciendo de padres, entrenadores, manager, taxistas y a veces hasta de recogepelotas con todo lo que eso conlleva. Si el hijo o hija son únicos, ocurre muchas veces que hacen todo por ellos y no les dejan apenas responsabilidades. En seguida salen en su “auxilio”.

Desde mis comienzos como psicóloga del tenis he escuchado, y sigo escuchando a entrenadores que se quejan de los padres “helicóptero” demasiado involucrados, dominantes y “metomentodo” que no dejan trabajar y que frenan el desarrollo de sus hijos. Desde entonces me he preguntado qué es lo que hace (desde un punto de vista mental) que los padres se comporten de esta manera tan controladora o sobreprotectora en este deporte tan individual que requiere mucha madurez por tener que afrontar todas las situaciones sólo en la pista. También en mi práctica profesional me encuentro con muchas demandas de jugadores menores de 18 años que se enfadan al menor fallo, no tienen tolerancia a la frustración, se bloquean en competición y no saben salir solos de situaciones comprometidas o incómodas de partido.

Como dije al principio de este artículo, el diálogo que mantuvo una de las participantes del Coaching al que asistí me abrió las puertas a entender mejor a estos padres y en consecuencia a comprender las respuestas de enojo, bloqueo y frustración ante la competición de sus hijos. En este diálogo de Coaching la participante habló sobre el problema que tenia para que sus hijos adolescentes hiciesen lo que ella les decía. En este caso se trataba de hacer los deberes en casa. Sentía que tenía que estar muy encima para garantizar que los deberes estuvieran hechos. No entendía por qué sus hijos no hacían lo que sabian que tenian que hacer sin que ella tuviese que estar encima. Esta situación la obligaba a controlar diariamente los deberes puesto que no quería que sus hijos tuviesen problemas en la escuela. Este control diario de deberes era una obligación y sentía que sino lo hacía era una “mala madre”. La intención de no ser una mala madre por desatender los deberes del colegio de sus hijos, la llevaba a tener desencuentros y peleas permanentes con ellos, que a su vez deterioraban la relación con sus hijos, creaban tensión y la quitaban tiempo y energía para otras cosas importantes. ¿Cómo salir de esta situación sin correr el riego de ser mala madre por desatender a sus hijos?

Durante este proceso de Coaching hubo sobre todo varios aspectos que me llamaron mucho la atención. Esta mujer quería dejar luchar con sus hijos por “las tareas del cole” y controlarlos pero se lo impedía la sensación de que si lo hacía desatendía a sus hijos convirtiéndose en una mala madre que arruinaba su futuro.

Uno de los aspectos del Coaching fue examinar la convicción de ser “mala madre”. La sensación que ella tenia de intervenir como “buena madre” para que sus hijos no sufrieran las consecuencias de “no hacer los deberes”. Sólo la idea de que podían tener problemas en el colegio y de que pudieran incluso expulsarlos y arruinar así su formación académica era algo que nunca se podría perdonar. La pregunta del Coach fue por qué quería evitar por todos los medios que sus hijos experimentasen y sufrieran las consecuencias de sus comportamientos y conductas. ¿Para qué sobreprotegerlos y controlarlos? Si les controlaba y obligaba les privaba de experimentar que pasa si no hacen los deberes, de sufrir las consecuencias para que ellos puedan decidir que es lo que quieren y no quieren en su vida. Esta sobreprotección y control les anulaba en su capacidad de tomar decisiones y de hacerse responsables de las consecuencias. Minimizaba el desarrollo de su capacidad de reacción ante situaciones adversas, su resistencia a la frustración y su habilidad de solución de problemas.

Esta nueva libertad de sus hijos de poder experimentar las consecuencias negativas de sus conductas para poder elegir de forma consciente cómo afrontar situaciones adversas significaba también para ella como madre, el riesgo de que sus hijos tomasen las decisiones inadecuadas y de que arruinasen sus vidas.

Aquí llegó un nuevo aspecto del Coaching que me pareció muy interesante con la pregunta de si hay una relación causal entre “ser bueno en el colegio” y “tener una buena vida”. Evidentemente no. Tenemos muchos ejemplos conocidos como Albert Einstein, Steve Jobs, etc de que no existe esta relación causal. Hay mucha gente muy buena en el colegio que ha tenido mala vida y gente muy mala en el colegio que ha tenido muy buena vida y viceversa. Luego no hay una relación causal en este caso y es muy interesante examinar nuestras convicciones en cuanto a si hay verdadera causalidad. En el caso del tenis, si una buena carrera deportiva te lleva necesariamente a una buena vida.

Esta causalidad mental de la participante junto al deseo que que sus hijos no sufrieran la llevaba a ser una madre controladora, exigente, estresada, malhumorada y un montón de cosas más que ella no quería ser con sus hijos y que no podía evitar.

Un último aspecto que me pareció también muy interesante fue la pregunta de si nuestra participante como madre “confiaba en sus hijos” y su intención de ser buenos estudiantes. Su respuesta fue que sí y que muchas veces no podía entender porque no eran consecuentes en su conductas. La opción que se abrió desde el Coaching en vez de controlar y exigir, fue la de hablar con sus hijos desde la confianza y preguntarles cuál era su intención con respecto a la escuela. Abrir un diálogo de empoderamiento y apoyo desde la confianza más que desde la desconfianza.

Aquí la palabra clave es “empoderar” y sobre este aspecto escribiré un nuevo artículo analizando factores importantes y necesarios para poder ser padres relajados y más desocupados que apoyan al máximo la carrera de sus hijos.

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